La plantilla de mi fortuna está, simplemente, mal hecha. Evoco aquel fragmento de un octubre del 2019
***No logro entenderme, mis emociones son excesivamente volubles.
Él sabe que no cuenta con tiempo, sabe que administrarlo es algo en lo que es incompetente y, al parecer no tiene intención de mejorar ese aspecto, de hecho tiene muchas ideas, pero lo que claramente jamás tendrá es la voluntad de comenzar, se queja reiteradamente de su vida, pero como buen ser humano, solo se queda ahí quejándose: Pobre mediocre.
Algo que ha estado buscando desde hace buen tiempo, desde sus 17 años, ha sido una compañía, las compañías que uno añora al momento de ver una trillada película romántica. Esa compañía que según cree él, cual niño en un parque de diversiones, mejorará considerablemente su vida.
No tiene ni el más mínimo ápice de conciencia de lo que es el amor, es de esos idiotas que cree saber más que otros por leer unos cuantos libros y porque se siente, reiteradas veces, incomprendido por la sociedad y por su familia. Es un estúpido más en busca de afecto por parte de otros que aún más vacíos de amor están que él.***
Quiero ser parte de la nada, quiero ser parte de frías calles llenas de relatos contados por sabios impulsos nocturnos, que no son importantes para nadie.
Quiero ser las manos frías y abandonadas de un foráneo entender.
Quiero ser el clima que viste las nubes oscuras y húmedas llenas de disgustos.
Quiero ser el anochecer que a nadie le importa y que se convierte únicamente mío, mío y de mis inspiraciones.
Quiero ser el descampado fuera de la ciudad en que se observa claramente las estrellas.
Quiero ser el refugio de nostalgias mal contadas por chismes irrelevantes.
Quiero ser el espectador del desastre en que se tornan los acérrimos defensores de ideales eterno y totales.
Quiero ser temido y aborrecido ante compañías que actúen contrarias a mis convicciones.
Quiero aislamiento y un estruendoso silencio.
Quiero el memento total de la epopeya que fue cantada aquel día en que nací.
Quiero dibujos con acuarelas inexpresivos y lienzos extravagantes que sirvan para pedir aprobación con sonrisas de complicidad.
Quiero un día olvidado para mi muerte, esos días que la humanidad desperdicia en vicios sublimes y realzantes de vida.
Quiero la pena de nadie y la admiración de ninguno.
Quiero calles reventadas de historias ingenuas, asombrosas y sórdidas.
Quiero ser el alma que yace muerto ante el disfrute de amores.
Quiero amores no memorables, quiero esos que son fáciles de odiar y de aborrecer para así nunca llevar en mente nada que no sea el asombro ante uno nuevo.
Quiero el ingenio de las canciones que me elevan a panoramas únicos en mi mente.
Quiero incomprensión total en mi palabras y atención total a mis miradas.
Quiero ser ajeno a mí mismo y exageradamente fiel a mis ideas, hasta sentirme aterrorizado.
Quiero ser la significancia opuesta a la escasisma de seguridad que delatan mis sememas.
Quiero estatuas que pueda observar en el hostil tumulto y que aún mantengan las marcas de propiedad que les hice cuando estuve ebrio en mis desvaríos noctámbulos.
Quiero la butaca que no me permite observar el desarrollo del largometraje en el que hago mi debut.
Estoy mintiendo, si la observé, la pantalla estuvo negra por 8 horas y 19 minutos. ¡Actuación perfecta!
Elmer Yapo

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