viernes, 29 de mayo de 2020

Inclinación de la cerviz

MAYO 29 2020

Amigo, me presento acá con la mente desprovista de manera alguna de ilustrarte mediante letras.
Me presento con la mirada distraída y ciertos disfuerzos presentes en mis ademanes.
Me presento con una presencia sin autoridad.
Me presento con la disposición de mis convicciones desnudas a tu diálogos, consejos y experiencia.
Me presento ofrendando mi atención y diezmando mi tiempo; la indulgencia que tu persona me muestre lo vale.
Me presento dejando conscientemente olvidado mi asombro bajo mi almohada.
Me presento con vacilaciones que debo ignorar en las repuestas que brinde cuando finalice tu discurso.
Me presento con insinuaciones cautelosas que no comentan perfidias brindando atisbos de interés de mi persona.
Me presento alimentando ansias de conocerte con granos de distancia y sobriedad emocional.
Me presento con un cuaderno que anota tus parrafos y experiencia, yo solo brindo mi puño y leta para expresarte.
Me presento con tendencias a interpretar a mi silueta racional, con las historias que gustes proferir.
Me presento imaginando como será el momento que me presente.
Me presento ante Moby Dick.

Elmer Yapo
Remasterizado 

viernes, 8 de mayo de 2020

¡Gracias, Luis Ángel, Dulce y Miguel!

MAYO 08 2020


Era un día inusual, de esos que él pensó había quedado en el pasado por temor a volver a vivir el tormento que sus sentimientos le causaban, auspiciados por el no entendimiento de las acciones de un amor que, ya para esa fecha, el quería arrancar de la mente.
Sumergido en su propia desdicha, pensando de más, para darse consuelo con algún recuerdo que lo absuelva de la culpa. Recibo una llamada, al comienzo respondió con cierta suspicacia, pues bien él sabía que sus ánimos no estaban para atender a nadie. Al comienzo no reconoció la voz, hasta que escuchó una inflexión vocal que le pareció muy familiar; era aquel primer amor de sus 17 años. Él jamás pensó que esa llamada se podía dar, en cualquier momento de su vida, pues consideró que fue una edad muy temprana para poder sujetar recuerdos memorables.
La llamada fue precisa y justa en el momento adecuado, pues fue como un soporte y un gancho que lo sacó al menos por esos poco más de 3 minutos que duró debido a la interferencia y la baja calidad de red de la zona.
La llamada una vez que acabó, lo dejó a él con un sabor de alegría y de importancia única, pues por allá muy lejos mientras él estaba sumergido en incontables penas y desdichas, había alguien que lo llamaba para preguntarle "¿Cómo estás?", ciertamente la tranquilidad y una concepción de libertad que él en algún momento ya saboreó, le fueron entregados de regreso y se sintió muy cómodo y cálido.
Bueno, como todo sentimiento propio de un humano, y sobre todo el suplicio al que nos sometemos debido a la mente. La tristeza lo volvió a consumir, pero esta vez en un grado menor, pues el mismo se recalcaba de que no podía traicionar y dejar ir aquella alegría que le había sido brindada hasta hace unos instantes.
Al anochecer, después de haber estado en su cuarto toda la tarde derramado lágrimas sobre la cama y sujetándose la cabeza como si el dolor fuera a romperla. Él decidió empezar a dar el llanto de entierro a sus sentimientos, de hecho estaba decidido a que aquella hora que se permitió de pura tristeza y de lágrimas, era suficiente.
Salió a contemplar la noche, se sentó en unas escaleras y se dedicó a observar el cielo nocturno y a sentirse muy pequeño, de hecho él quería seguir llorando pero esta vez en presencia de un ambiente frío y húmedo. Escuchó una voz que le preguntó: "Hola, ¿Qué haces ahí?", era su pequeña hermana que aún era recipiente de tanta inocencia y alegría que no se molestó en alumbrar con su aura de luz a aquel sombrío hermano que estaba sentado llorando cada vez sumergiéndose más y más en el abismo de su pesar.
Ciertamente, él no supo que contestarle pues realmente imploraba por una distracción para su mente y así poder librarse, y no sabía si su hermana tal vez venía a rescatarla por unos minutos de los miasmas del amor, o si era de esas preguntas que se hace por cortesía, en todo caso el hermano respondió de una manera amena invitándola a que lo acompañe, con un fuerte temor a que ella lo rechace y se marche. La respuesta de la pequeña hermana fue favorable. Ella se sentó y le dijo que le haría un reto jugando piedra papel o tijeras. Él aceptó, al comienzo por simple suerte el hermano de 21 años iba ganando a la pequeña niña de 7 años, pero como todo juego de infantes, él quería ver la forma de dejar ganarle a ella, ella fue más rápida y empezaba a sacar y hacer la silueta de una pistola en sus manos, ella decía que eso ganaba al papel, la piedra y la tijera. Él se alegró, y con mucha comparecencia permitió que ella ganara todas las partidas, ya que cada vez que ganaba tres veces estaba en el derecho de dar un ligero golpecito sobre cualquier parte del cuerpo del otro: ese era el reto. Los pequeños e ingenuos golpecitos de ella de hecho no causaban dolor, sino mucha alegría a su hermano, al menos por ese instante él se sentía acompañado de la más sincera compañía. Luego de eso se dedicaron a ver el cielo y a contar las luces de color distinto que les alcanzaba la vista. Ella decía que llegaba a ver formas de letras y le señalaba con el dedo cada letra, "Mira, mira, por allá yo veo la letra K, ¿Tú la ves?,  él hermano ciertamente no veía nada, pero respondía con mucho asombro. Él estaba amando cada palabra, cada gesto, cada respuesta y cada mirada que su hermana le compartía, haciéndolo olvidar su dolor. Hasta que ella dio la iniciativa de contarle a él una historia, una historia que él se juró nunca olvidar: Una historia bastante tierna y con mucha ilusión, de unos gatos que también eran hermano y hermana, el macho de 15 años y la hermana de 20 años. La felina tenía muchos amigos gatos en el vecindario, a diferencia del felino de 15 años, que no era muy sociable. El hermano gato tenía permitido salir los lunes, miércoles y viernes a tomar y al cine. Los martes, jueves, sábados y domingos era turno de la hermana gata, ella salía a tomar con sus amigas del vecindario, se embriagaban tomando agua y el hermano gato tenía que ir por ella para traerla nuevamente a la casa para que a la mañana siguiente los humanos dueños de casa no se percataran de los excesos de la noche por los que los mininos pasaban. Los gatos iban al cine, se compraban ropa, sacaban plata del banco y del supermercado, hasta tenían un parque que disfrutaban, y también les gustaba ver televisión cuando todos los humanos dormían.
Ciertamente el hermano se asombraba de como su pequeña hermana tejía toda esa historia sin confundir detalles y sin cambiar nada de lo que decía.
Ella le trajo a él mucha calma y distracción, justamente era lo que él necesitaba, y fue por mucho tiempo, cosa que el jamás se hubiera imaginado. Ella fue la que tuvo que cortar ese bello encuentro entre ambos, pues ya era hora de cenar y la estaban llamando para que se lave las manos y se sentara en la mesa.
Él veía en su hermana aquellos ojos que aún no son aplastados por las situaciones a las que te enfrenta la vida y de las que él padecía. Él temía ver el día en que su hermana pierda ese espíritu párvulo y que sea tan hostil como se acostumbra en la sociedad.
La noche no acabo ahí para él, pues antes de descansar tuvo una llamada con un amigo que hace un buen tiempo no conversaba, de hecho nunca como en esa noche. Esa noche también, de manera tardía se percato de la plenitud de la luna a sus espaldas, era hermosa y digna de recordarse aquella nostálgica noche.
Miguel, con quien tuvo la última conversación de la noche por teléfono, le comentó de una ocasión en la que tuvo que cortar relación total con un amor pasado, y que fue duro al comienzo pero fue una decisión madura que fue por consenso de ambos y que terminaron asimilando como adecuada con el pasar de los años.
Él se quedó pasmado por tan valiente acto, que ni en sus sueños se hubiera permitido y se prometió intentarlo. Esperemos lo logre.

Elmer Yapo

jueves, 23 de abril de 2020

La caricia de Schopenhouer

ABRIL 18 2020

No, no es de aquellas veces que me siento confiado.
No es de los instantes que desarrollan las expectativas que busco.
Es de las veces que me abruma continuar participando.
Es de las veces que mi pensar no tiene teorías para explicar lo que me pasa.
No, no es de las veces que mis fantasías terminan al despertarme.
No son respuestas que muestren mi pesar a cabalidad.
Es de aquellas conversaciones que sirven a reconsiderar la tolerancia como un tercer invitado.
Es de las pláticas que mutan en confesiones y que dependiendo de los ánimos involucrados, terminan deseándose buenas noches mutuamente.
No, no es de la personas que muestre sus sentimientos como una canción cantada a los albores.
No es de las simples veces que la cortesía me traiciona y me hace someterme a charlas triviales, sino de aquellas en que mi atención se desborda por mi mirada.
Es de esos sentimientos que se atoran ante la compañía de otro, aquellos sentimientos que se digieren fácilmente estando solo.
Es la intención de vaivén que me habla al frente mío tomándome de las manos, y se convierte en mi cómplice para hablarte; luego me abandona y no sé si su retorno sea breve.

Elmer Yapo

viernes, 27 de marzo de 2020

Anhelos Nocturnos Pernoctan

MARZO 23 2020

Evalúo mi conducta, es posible que haya predisposición del tiempo que últimamente me permite reconsiderar mis acciones y las actividades en las que invierto mis expectativas.
Abundan los extensos momentos dubitativos que tienen lugar en el entretanto de cada acción que ejecuto. No recuerdo cuando se hicieron tan familiares conmigo, ahora ya es imposible imaginar algún día sin que aparezcan, de hecho mi cuerpo adquirió una repuesta orgánica a esta misma, que ya sé detectar sin tanta complicación. Es fascinante tener la facultad de reconocer las situaciones que debo excluir de mi vida y también lo es el tiempo que me tomó percatarme.
Una conducta que también suele contemplarme al despertar es tener el atrevimiento de fantasear con tanta ingenuidad con un ser que es desconocido a mi entendimiento. Un ser que tiene esas siluetas negras de características generales en las que las personas con no tanta dificultad pueden dibujarse y apoderarse por completo de ella, como a la vez también pueden salir con la tanta facilidad con la que entraron. El tiempo en que habiten dicha silueta también se ve influenciado por la importancia y el interés que causen en mi psique.
Sinceramente sueño despertarme pensado estar en la compañía de otra persona y también me acuesto de la misma manera. Dormir sujetando ambas manos, tal vez de una manera ya antes realizada por las tantas parejas que se juramentaron amor eterno, pero yo, con un estilo e intención lujurioso, procaz y mundano por un lado de la moneda, y por el otro, un carácter paciente, nostálgico y de una soledad ya acabada. A esto se agrega, la participación de un mantra que lleva por nombre "Contigo" que sucumbe en el dorso de la mano. Respirar delicadamente bajo aquel lazo formado por ambas manos, habiendo ya sido acercados, de manera tenue hacia mis labios y sentir el vaivén del respiro.

Lo súbito del despertar servirá como una alerta de abandono, que perturbará dicha posición ya antes muy agradablemente adoptada. 

Elmer Yapo

Desaciertos Subyacentes a la Conciencia


MARZO 21 2020

No he sido consciente de las veces que me he repetido que soy insignificante y que mi estadía en ese lugar es efímero. Sinceramente creía que sientiendome así y proliferando un rechazo a convencionalismos y pensando que, justamente en el hecho que soy insignificante, resalta ahí mi individualidad y originalidad, soy digno de vivir y de mirar el mundo con unos ojos distintos... la verdad es que ahora tengo razones para reprocharme todo en la cara, tengo motivos para decir que he estado fingiendo. Las ideas que tengo no me pertenecen, si bien soy un recipiente que contiene una parte de todas las personas o momentos que me han tocado experimentar en el tiempo en que sigo vivo, no sé si se pueda llamar originalidad. 
Soy afluencia de otros, soy construcción de otros humanos, esto responde a varias de mis ya planteadas cuestiones nocturnas, tal vez esto explica el afán ganoso que tengo de querer simplificar cosas de mi vida, y cuando las consigo, no tengo ni la más ingenua idea de cómo usar el tiempo ganado. Tal vez esto explica mi sobriedad al referirme a tópicos amorosos, pero cuando llega la praxis reacciono de manera tan mortal, no me refiero a enamorarme y permitir algo de presbicia en mis ojos, sino que cuestiono lo que ya he aprendido; lo pedante de mi actitud se desvanece. Esto no me hace diferente, en lo absoluto, me hace inevitablemente común. 
La originalidad es algo riguroso con lo que siempre intento alinear mi actuar y sencillamente es piedra matriz de la cosas que me procuró realizar. Sé que tengo influencias, me complace llamarlas vertientes, vertientes que desembocan en mí, que me llenan de alegría que lleguen a mi pensár. Recuerdo las palabras de un amigo: "Todos necesitamos fuentes de inspiración, libros, canciones, fotos, paisajes, situaciones, personas" sinceramente esto me trae cierta calma. También recuerdo un adagio ya muy vivo en la mente de las personas: "Lo bueno se imita" Esto no sé si sea tan válido para mí, pero es la excusa que diré en las situaciones en las que me vea involucrado responder parte de lo verídico que puedan ser mis historias.
Estoy siendo una forma de expresión de otra persona, que no sé que tanto se vaya a involucrar en mi vida, espero se tome su tiempo.
Estoy pisando tus huellas, pero con mis propios zapatos.

Elmer Yapo 


Concepciones Impropias y Menoscabos Apacibles


MARZO 17 2020

Hay una persona que me pone en un ya conocido titubeo, que no es característico de un principiante, sino de una costumbre ya bien aceptada. Es de esas personas que siento muy lejano y ajeno a mí, y a la vez muy similar y encantador en su distancia.

No es de su conocimiento la influencia que tiene en mis acciones, o precisando, en las pequeñas cosas que me enorgullezco de haber iniciado hacía ya un tiempo.
La sonrisa que se esboza en mi semblante al leer alguno de sus personales escritos, ya es algo con lo que estoy familiarizado, no es algo que me desagrade, es la razón por lo que los leo.
Poniendo de testigo a la verdad en esta breve declaración, no sé que más cause en mí. No lo conozco aún, no sé cuanta calma traiga él consigo, no sé si pueda ser sutil con mis intenciones de contemplar su rostro.  No quiero perder la oportunidad de conocer parte de su historia, que me hable de él, que me cuente lenta y ocasionalmente fragmentos de su vida.

Pstd: Miguel, aquí me tienes una vez más inspirándome en tu persona, en tu peculiar ser. Gracias.

"Basilio – Costumbres"

Elmer Yapo

jueves, 26 de marzo de 2020

Momentos de Primacía

OCTUBRE 13 2019


Quiero tener momentos aislados de mi comprensión.
Momentos que nadie tenga forma de entender.
Momentos que causen sentimientos que las personas no conocen.
Momentos que las palabras no sirven y no se abastecen para describirlo.
Momentos en que el respiro es lo que quiebra el silencio y da paso a un sublime instante erótico.
Momentos en que dormir es excitante por el hecho de estar consciente de estar a tu lado.
Momentos en que claudico a mi independencia y me obsesiono por ser parte de ti.
Momentos en los que tu rostro es mi mundo.
Momentos en el que pienso lo suficiente que eres para mí.
Momentos en el que juguetear con tu cabello es mi manera de relajo durante la noche.
Momentos en el que siento que no soy diferente... soy tan humano que tomo conciencia que soy frágil y sucumbo ante ti.
Momentos en que sé que no me conoceré ya que mi mente estará en ti, mis sentimientos, mis gustos y mis motivaciones. 

"Te guardo - Silvana Estrada"

Elmer Yapo


Ciudad de los Reyes

SETIEMBRE 09 2019

Un lugar sin dueño
Una mirada sin dirección
Una conversación sin entendimiento
Un olvidado propósito
Un deseo de libertad limitado
Expectativas que desaparecen en lo cotidiano.
Deseo incierto de vida ante un seguro destino desconocido.
Deseo de conocimiento y de dicha, hasta ahora sin atisbos de realización.
Reiterada conciencia de insignificancia ante la indiferente idea de conciencia de vida.
El entendimiento de lo maravilloso es opacado ante ideas triviales de mayor grandeza social.
¿Por qué los deseos son causantes de dicha y desesperación?
¿Por qué la insuficiencia es inherente al hombre?
¿Por qué hay diferencias en lo similar?

Elmer Yapo