Las cosas especiales se ahogan en lo común.
He de conservar el asombro individual ante el caminar de los días, ante la tristeza de la lluvias y la soberbia del mediodía. Ellos son sucesos que suceden desapercibidos y menospreciados, ya que sabemos de su existir constante. Pero imagina un día en que algunos de ellos, resentido por la falta de atención ante su existencia, decida no mostrarse ante ti. ¿Ahí recién te darías cuenta que aunque el reloj avance, no llega el mediodía? ¿O que por más distracciones que busques, el día no transcurre? ¿O que por más inviernos que pase la lluvia se marchó lejos de tu ventana?
Emprender la búsqueda de una cualidad que destaque y que tercamente ponga en cada carta que escriba o profiera en cada presentación mía que dé, es un engreimiento mío con destino a mí, y no por eso es malo.
Un placer culposo resulta delicioso, es mutilar tu existencia por breves momentos y ser la primera persona que observa el universo desde una butaca estelar que está en la fila más a la derecha y en el décimo cuarto lugar.
Busca un placer culposo y sumérgete en la definición que tú mismo rescates al momento de cometerlo. ¡¡Total!! Ten por seguro que las cosas que te gustan no son malas.
Escribo para dar garantías inequívocas que en algún momento viví, sentí, soñé, deseé, sufrí y amé. Escribo para demostrar que en algún momento existí.
martes, 8 de septiembre de 2020
Lo especial
SEPTIEMBRE 08 2020
Elmer Yapo
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